jueves 12 de noviembre de 2009

Ídolos...


Seguro que, en algún momento de nuestras vidas, hemos necesitado un ídolo; un modelo a imitar. Alguien, a quien le atribuimos cualidades excepcionales y a quien nos gustaría parecernos. Elegir un modelo en la infancia y adolescencia es fácil. Ahí está papá que todo lo hace bien. Mamá que parece tener el remedio para todos nuestros males. Los abuelos, verdaderos pozos de sabiduría y cariño; una amiga, que se las pinta sola para combinar la ropa y manejar a los chicos…
Sin embargo, en la madurez, los ídolos escasean. No porque no los haya, sino porque nos hemos vuelto más exigentes. Así, de repente, un buen día, encontramos a alguien que nos fascina. Alguien con un talante admirable, una capacidad resolutiva única, un don especial para moverse por el mundo… Y, voi-lá. Lo primero que hacemos es colocarle unas cualidades extras (aquellas que a nosotros nos gustaría tener). En ese instante, en el momento en descubrimos a este ser especial, nuestra vida cambia. Empezamos a sentirnos bien y todo resulta más fácil: quiero parecerme a él.
Nuestro ídolo ahora, además de ocupar gran parte de nuestro pensamiento, también ocupa un buen pedazo de nuestro corazón (todo lo que admiramos se convierte en deseo; sano, pero deseo). Queremos tener a nuestro ídolo cerca para copiar todos sus gestos, para movernos como él, para observar sus dotes. Algo que nos proporcione una seguridad inmensa... Y resulta que nosotros, pobres adultos, a los que ya nadie lleva de la mano ni le preocupa si hemos superado un reto o nos hemos dormido llorando, ahora tenemos una bonita luz en el camino.

Pero ¿qué ocurre cuando esos ídolos -personas de carne y hueso como nosotros- se equivocan, cometen errores, nos defraudan…? ¿He dicho “nos defraudan”? Huy, qué fácil resulta que alguien nos defraude. ¿Por qué?... Pues, porque hemos concedido cualidades divinas a seres humanos. Así de fácil. Hemos creado un personaje al que admirar y queremos que sea per-fec-to. De manera que si nos falla, el mundo se derrumba…
¿Se te ha derrumbado el mundo alguna vez?... A mí muchas. Por eso, ya no busco ídolos. Busco personas que me ayuden a crecer, a la vez que crecen con aquello que yo pueda ofrecerles.

21 ...Pasean conmigo por el alambre:

LUNA dijo...
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LUNA dijo...

Mercedes, cuando llegué a vivir a Tenerife, en el año 75, con 26 años y dos hijos, me encontré con la mujer de un compañero de trabajo de mi marido.
Entonces ella tenía cerca de 50 años.
Era "perfecta" Sabía desenvolverse socialmente, en casa,donde fuera. Ama de casa perfecta, anfitriona exquisita, buena cocinera, enfin, un dechado de virtudes.
Yo siempre me fijaba en cómo hacía la cosas, como las ponía, como se desenvolvía.
Fué mi ídola!!!!
Se llamaba Maruja...
Muchas veces se lo dije: De mayor, quiero ser como tu....
¿Y sabes cual era el secreto?
Que había vivido 25 años más que yo....
Buena reflexión,
Un besito, cariño.

Neogeminis dijo...

Nunca he sido de idolatrar, ni a deportistas ni a cantantes ni a nadie en particular. Creo que es un juego de doble filo en el que por desilusión, podemos salir muy heridos.

Hasta cada rato!

tag dijo...

Te contaré que a mi si que me ha ocurrido eso que hoy comentas, hace pocos años, con una persona.

Y me he visto reflejada en tus palabras, porque fue asi exactamente, te fascina y despues te defrauda.
Te quedas hecha polvo, pero como dice el refran, "No hay mal que por bien no venga"
Y entonces te das cuenta de que el error es tuyo por haber creido que esa persona valía más que tú.
Y de esa decepción, una vez pasa el primer momento de rabia y dolor, sales reforzada, y te valoras más a ti mismo.

Son idolos de barro, que se rompen y deshacen al primer contratiempo.

Un besito

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Mercedes, siempre pasa lo mismo con los ídolos, al final todos tienen los pies de barro, ¿nooo?
Como más alto esté, más dura será la caída, !plas! menudo chichón.
Acertada reflexión, bsito desde el Quinto pino, natalí

maria jose moreno dijo...

Destruir los ídolos es signo de madurez, pero no olvidemos que desde que nacemos aprendemos por modelamiento. Es decir, necesitamos a la fuerza esos ídolos para crecer. Debemos tener a quién imitar para sobrevivir.
Deduzcos del tono de tus palabras y lo sentimientos que expresan que ha sido reciente la caída del ídolo y te sientes dolida, porque como bien dices ponemos en ellos partes nuestras que luego se llevan, dejándonos huecos que hemos de rellenar.
Pero no dejes nunca de poner tus ojos en aquellos que te pueden ofrecer algo...
Un besazo

Quien Sabe... dijo...

Hola Mercedes,
Opino lo mismo que tú, más que ídolos busco gente que me enriquezca con sus conocimientos y tratar de tomar lo mejor de cada uno para integrarlos en mi ser.
Excelente reflexión para comenzar el día.
Un beso

Annick dijo...

Los idolos son para las peliculas de ciencia-ficcion, buscamos personas de carne y huesos ,con sus defectos ; los que tenemos cerca !

Besos de vecina.

mar dijo...

Hola Mercedes,
estoy de acuerdo contigo, lo importante es tener personas a tu lado de las que poder aprender y que también puedan aprender de tí.
Realmente nunca he sido de tener a nadie de ídolo, pero si de buenos amigos que andan junto a mí.
Un beso de Mar

Ave Mundi Luminar dijo...
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Ave Mundi Luminar dijo...

Siempre he pensado que entre las cosas más fascinantes de nuestra existencia está la imperfección, es esa y no otra cualidad, la que nos obliga a re-inventarnos todos los días, en la absurda creencia de que un día llegaremos a ser perfectos....

Es muy cierto que resulta terriblemente molesto descubrir la imperfección en los demás, pero más molesto aun es descubrirla en uno mismo, aunque en ambos escenarios, el "milagro" de la poda de las partes "inservibles" de nuestras creencias y conceptos tiene lugar y por eso, es un ejercicio que merece la pena...

Estupendo texto, se mire por donde se mire... realmente estupendo.


Un abrazo muy humano.

Ardilla Roja dijo...

Hola Merce:

Hace años que no se me cae ningún ídolo. Dejé de fabricarlos al descubrir quienes eran los reyes magos.

De todas maneras, cuando conozco a alguien con quien me siento a gusto, juego a ponerlo en los altares; pero el tiempo justo, de esa manera no me decepciona.

Besos de té a la canela. Me encanta.

Carmen Andújar dijo...

La verdad es que muchos idolos me han defraudado, desde amigos hasta aquellos actores de los que alguna vez nos hemos enamorado.Todo el mundo tiene defectos; pero a veces estamos tan ciegos que no lo sabemos ver y sólo observamos sus virtudes. De santos, la verdad es que hay pocos y los demás somos pobres mortales.
Un beso

PaulyS dijo...

Merce: no he sido de tener ídolos, siempre fuí muy observadora y de chiquitita aprendí que no todo lo que brilla es oro, que lo que el otro tiene de deslumbrante lo paga a veces con demostrar la imagen que quieren de él y no quien es en realidad, y eso te lleva a la soledad.Besos enormes

Celia dijo...

Hola Merce:
Te he leído por la mañana, pero no he tenido tiempo hasta ahora mismito para decirte qué:
Si te subes a un árbol, creyendo que la última rama es lo más de lo más, para apoyarte en ella y respirar todo el oxógeno del mundo, la caída puede ser algo catastrófico, si esta falla (algo habitual).
Por eso es mejor que tu ídolo vuele raso.
Un besito, cielo.

Manuel de Mágina dijo...

Ídolo no hay cuando contemplamos a las personas como tales. Cuánta razón tienes. Los ídolos los hacen personas que crean alrededor de otras halos de perfección.
Bueno, la edad también cura eso, estoy totalmente de acuerdo contigo.

Besos.

Mercedes dijo...

Muchas gracias por vuestra compañía. Me sienta muy bien (vuestra compañía, digo).
Un abrazo de castañas asadas (es lo que más me gusta del otoño).

Ave Mundi Luminar dijo...

mmmm.. que ricasssss !!!... me pido un cucurucho enterito para mi ... ahora solo falta que nos juntemos todos en corrillo a contarnos "cuentos de una noche de invierno" ...

Un bsín y ánimo

EL MAGO ESCARMENTADO dijo...

Hola...pequeña estrella refulgente.

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Ardillita sandunguera, !qué suerte tienes! yo aún creo en los Reyes, sobretodo si son Magos, y en el "ratoncito perez" y en los Idus de Marzo...más o menos escribo bajo su luz evanescente y mágica.
Pero...de verdad, ayyy, incrédula, con la mano en el corazón, no creo, pero jamás abjuraré de su culto, bsitos desde el Quinto pino.

1600 Producciones dijo...

Una vez escuché a un cantante importante decir que no le interesaba cantar con su ídolo máximo, tenía miedo de verlo como a una persona y de ser así ya no podría seguir admirándolo.

Muy buena entrada.

Saludos


(Ana von Rebeur).