Pintura de Ona Peña (hija de Nátali)

Soy un tipo corriente. Vivo en una ciudad corriente y me gusta mi trabajo. No sé si con estas credenciales se puede llegar lejos, pero es lo que tengo. Bueno, aún hay más. Tengo una historia que contar. No es gran cosa; mucha gente me dice que tiene una historia tremenda, de esas que darían para escribir un libro. La mía no es tan importante, pero las cosas que son de uno hay que tratarlas como si lo fueran.

Nadie me ha enseñado a vivir; quizás porque la gente aprende esta tarea por su cuenta y luego, cuando la domina, se muere; con lo que a penas le da tiempo a montar una escuela y enseñar a otros el oficio. Vivir es un oficio. Mi primo Mauro se ríe cuando le digo esto, pero es verdad. A vivir se aprende. Yo, al principio, cuando todavía no sabía muy bien de qué iba esto, pensaba que podría convertirme en un héroe, salvar a la gente y castigar a los malos. Jo, qué ingenuo. Cuando la injusticia pulula por todas partes, uno se acostumbra a comer pipas mirando al cielo, por si amenaza lluvia. A mí ya no me importa mojarme; quiero decir, que no me molesta que llueva. Antes, sí. Salía de casa y si veía el suelo mojado, ya me ponía de mal humor. Pero luego se me quitó. Total, si tiene que llover va a llover, me guste a mí o no. Además, el agua transforma el paisaje, lo torna melancólico, y los recuerdos asoman por todas partes. Vaya, me estoy poniendo cursi… En fin, otro día que no me da tiempo a escribir mi historia. Lo volveré a intentar…

(A veces pienso que los fantasmas me utilizan para expresarse; este es un escrito automático, salió solo, mientras intentaba escribir otra cosa. Lo dejo por aquí, por si vuelve el fantasma y quiere seguir con su historia. ¡¡¡Chssssss!!!).

Mercedes Martín Alfaya

1 comentarios:

  1. Esperemos que estos fantasmas te sigan visitando!
    Un abrazo.

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