Nunca pensé que un armario arruinaría mi vida.“Si eligen otro color que no sea el blanco, se ahorran cien euros”. Mi hija y yo nos miramos como diciendo, Vaya chollo; total, si el armario no pega en el dormitorio qué más da, una oferta hay que pillarla como sea. Decidido, nos quedamos con el gris humo.
¿Siguiente paso?: “Carta de pago” y pasar por caja. ¡Ya es nuestro!
─¿Dónde dice que tenemos que ir ahora?
─Allí, mamá, a la salida, donde las pantallas con los numeritos…
Tic-tac, tic- tac…
¡Ay, ya nos toca! Qué rapidez... Ahí viene mi armario…. Ea, mira qué pronto y qué baratito.
─¿Dónde dice que tenemos que ir ahora?
─Allí, mamá, a la salida, donde las pantallas con los numeritos…
Tic-tac, tic- tac…
¡Ay, ya nos toca! Qué rapidez... Ahí viene mi armario…. Ea, mira qué pronto y qué baratito.
Empujamos carro y al parking.
─Un momento… ¿Tú estás segura de que esto cabe en tu coche?
─Que sí, mamá. Que sí…
Mi hija, que es muy resuelta, enseguida desalojó el maletero, plegó los asientos y se deshizo de la bandeja trasera que reposa en el cristal. Venga, levanta de ahí y lo vamos metiendo poco a poco. El bulto, plegadito, con el armario dentro, sí que entró, pero el capó no cerraba… Em-pu-ja un po-co más… Uf, uf, uf… Listo, por los pelos…. Estos de Ikea están en todo; un milímetro más de armario y hubiéramos tenido que dejarlo allí. De punta a punta, pero entró.
Nos vamos…
─Un momento… ¿Tú estás segura de que esto cabe en tu coche?
─Que sí, mamá. Que sí…
Mi hija, que es muy resuelta, enseguida desalojó el maletero, plegó los asientos y se deshizo de la bandeja trasera que reposa en el cristal. Venga, levanta de ahí y lo vamos metiendo poco a poco. El bulto, plegadito, con el armario dentro, sí que entró, pero el capó no cerraba… Em-pu-ja un po-co más… Uf, uf, uf… Listo, por los pelos…. Estos de Ikea están en todo; un milímetro más de armario y hubiéramos tenido que dejarlo allí. De punta a punta, pero entró.
Nos vamos…
A noventa en la autovía, vista al frente, sin mover la cabeza, encajonada entre el cristal derecho del coche y el bulto.
─Hija, ¿vas ahí?
─Pues claro, mamá, ¿quién si no te crees que va conduciendo?
─Perdona, es que como no te veo.
─Pues, voy aquí. Tú sólo tienes que avisarme si alguien intenta adelantar por la derecha.
“Ay, Dios, es verdad, el armario ha partido el coche en dos, y ni mi hija tiene acceso visual a la parte derecha, ni yo a la parte izquierda. San Cristóbal, por Dios, no te distraigas, que yo te juro que la próxima vez alquilamos una furgoneta, o me monto un perchero en la barra del baño”.
─Hija, ¿vas ahí?
─Pues claro, mamá, ¿quién si no te crees que va conduciendo?
─Perdona, es que como no te veo.
─Pues, voy aquí. Tú sólo tienes que avisarme si alguien intenta adelantar por la derecha.
“Ay, Dios, es verdad, el armario ha partido el coche en dos, y ni mi hija tiene acceso visual a la parte derecha, ni yo a la parte izquierda. San Cristóbal, por Dios, no te distraigas, que yo te juro que la próxima vez alquilamos una furgoneta, o me monto un perchero en la barra del baño”.
Llegamos; con ayuda divina o sin ella, pero llegamos. Aunque claro, si nadie te dice que, al tirar del bulto para bajarlo del coche, el peso de las maderas se concentra en un punto y puede desgarrar el cartón..., cuando lo averiguas, ya tienes todo el mogollón de tablas esparcidas por el asfalto. ¡Mierda, mierda y mierda!
-Venga, mamá, no te sulfures. Hacemos un descansito aquí en la puerta y ahora lo recogemos todo.
Así lo hicimos.
Con el armario en casa, la odisea comenzó a diluirse como el humo de los trenes en la estación.
─ Preparo un cafelito y nos ponemos con el armario.
Lo que yo no sabía es que esta simple peripecia mobiliaria (manual en mano), terminaría por arruinarme la vida.
"Tiroriro-ri, tirorio-ra" (otra vez el maldito teléfono).
─Mire señora, llevo tres semanas intentando montar un diablo de armario descuartizado, donde si te equivocas con una tabla ya te puedes pedir una excedencia en el trabajo y arreglarlo. Mi familia ya no asoma por casa, y todo porque cada vez que escucho la puerta, grito: ¡Quien sea! Que venga rápido, que se me cae esta tabla… Tengo un cajón del armario que entró en su sitio a la primera, pero que ahora NO SALEEEEE. Tengo cuatro tablas de distintos colores que no casan nipadios. Un montón de tornillos y herramientas que se multiplican como los champiñones. No salgo de casa, ni me queda comida en la nevera. He perdido la razón, a mi familia, a mis amistades, y todo, porque se me ocurrió comprar un pu (piiiiiiii) armario de oferta, gris humo, con manual: “partaseloscuernos”, tablitas a mogollón y tres kilos de tornillos que me han tomado la casa. Y usted es la tercera vez que me llama para venderme un Seguro de Vida. Pues mire, antes de tirarme por el balcón, el seguro de vida se lo voy a regalar yo a usted. Escuche: si se le ocurre pasar por Ikea y comprar un armario de oferta, tableado, con dos puertas, mogollón de tornillos, cajoneras y manual, llame antes a mi cuñado, Pepe, que me acabo de enterar de que se monta los muebles de Ikea como churros; pero que ya no creo que con el mío llegue a tiempo.
Así lo hicimos.
Con el armario en casa, la odisea comenzó a diluirse como el humo de los trenes en la estación.
─ Preparo un cafelito y nos ponemos con el armario.
Lo que yo no sabía es que esta simple peripecia mobiliaria (manual en mano), terminaría por arruinarme la vida.
"Tiroriro-ri, tirorio-ra" (otra vez el maldito teléfono).
─Mire señora, llevo tres semanas intentando montar un diablo de armario descuartizado, donde si te equivocas con una tabla ya te puedes pedir una excedencia en el trabajo y arreglarlo. Mi familia ya no asoma por casa, y todo porque cada vez que escucho la puerta, grito: ¡Quien sea! Que venga rápido, que se me cae esta tabla… Tengo un cajón del armario que entró en su sitio a la primera, pero que ahora NO SALEEEEE. Tengo cuatro tablas de distintos colores que no casan nipadios. Un montón de tornillos y herramientas que se multiplican como los champiñones. No salgo de casa, ni me queda comida en la nevera. He perdido la razón, a mi familia, a mis amistades, y todo, porque se me ocurrió comprar un pu (piiiiiiii) armario de oferta, gris humo, con manual: “partaseloscuernos”, tablitas a mogollón y tres kilos de tornillos que me han tomado la casa. Y usted es la tercera vez que me llama para venderme un Seguro de Vida. Pues mire, antes de tirarme por el balcón, el seguro de vida se lo voy a regalar yo a usted. Escuche: si se le ocurre pasar por Ikea y comprar un armario de oferta, tableado, con dos puertas, mogollón de tornillos, cajoneras y manual, llame antes a mi cuñado, Pepe, que me acabo de enterar de que se monta los muebles de Ikea como churros; pero que ya no creo que con el mío llegue a tiempo.
Mercedes Martín Alfaya
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