Pintura de Ona Peña (hija de Nátali)

¿Quién se ha llevado mi Queso?



Algo que aprender…

Me he levantado con ganas de mejorar. Mejorar como persona, como ciudadana, como miembro de la Humanidad (uy, esto suena muy trascendental, pero no podemos olvidar que nos movemos en círculos que se van ampliando desde el más cercano al más alejado. Así, me muevo primero dentro de mi familia, luego, en mi barrio, en mi ciudad, en mi comunidad autónoma, en mi país, en mi planeta, en mi galaxia…). Soy, por decirlo de alguna forma, miembro de varias entidades que se superponen como las capas de cebolla.

Algunas veces, incluso, puede que me maneje mejor en los círculos exteriores que en aquellos que tengo más cerca; esto es, por ejemplo: puedo ser mejor vecina que esposa, madre… Incluso ser más tolerante con mis compañeros de trabajo que con mis hijos o mi marido; hablo desde la perspectiva femenina, pero incluye también al otro género. Quiero decir con esto, que a las personas, el pertenecer a todos estos círculos, nos puede resultar complicado, ya que, un pequeño movimiento o cambio en alguna de las órbitas enseguida repercute en el resto (tanto en los círculos superiores como en los inferiores). Por ejemplo, si mi país se une a la CE (como hizo en su momento), yo me voy a beneficiar de todo lo bueno que esto aporte a la nación y me voy a perjudicar de aquello que suponga la aceptación de cláusulas y normas comunitarias que mermen de alguna forma la individualidad en la que nos movíamos antes.

Y todo esto (cómo me gusta enrollarme...), es para dar cuenta de un hecho que ocurrió ayer en el trabajo. Y que resumo: Se ha corrido la voz de que, a partir del mes que viene, no cobramos. “Jope, ¿cómo puede ser esto?”… (caras desencajadas, algún que otro llanto, desesperación, silencios largos y amargos...). Una profesora que en ese momento hacía unas fotocopias para su programa, parecía totalmente ajena a esto que nos afectaba a todos.

- ¿Tú no estás preocupada?, le preguntó alguien.

- No -contestó ella-. Bueno, sí -aclaró-. Pero esto es algo que escapa a mi control. Si la empresa no me va a pagar, lo que puedo hacer no es preocuparme, sino enfocar mis energías en ver qué cambios se van a producir en mi vida a raíz de esto y cómo acomodarlos y afrontarlos. De momento, si esto ocurriera, yo me tengo que pedir una excedencia, porque necesito seguir trabajando en otra parte.

-Ah, claro. Tú que puedes pedirla.

-Bueno, cada cual tendrá que barajar sus cartas.

Con respecto a esta sorprendente actitud por parte de una joven profesora, me acordé de un cuento que leí hace tiempo y que podría ayudar mucho. Aquí te dejo un resumen para que te sirva en cualquier momento en el que se produzcan cambios que escapen a tu control dentro de tu familia, tu barrio, tu comunidad autónoma, tu país, tu planeta o tu galaxia.

¡Que lo disfrutes!

¿Quién se ha llevado mi Queso? es un cuento sobre el cambio que tiene lugar en un laberinto donde cuatro divertidos personajes buscan “queso”.

El queso es una metáfora de lo que uno quiere tener en la vida, ya sea un trabajo, una relación amorosa, dinero, una gran casa, libertad, salud, reconocimiento, paz interior o incluso una actividad como correr o jugar golf.
Cada uno de nosotros tiene su propia idea de lo que es el queso, y va tras él porque cree que le hace feliz. Si lo consigue, casi siempre se encariña con él. Y si lo pierde o se lo quitan, la experiencia suele resultar traumática. En el cuento, el “laberinto” representa el lugar donde pasas el tiempo en busca de lo que deseas. Puede ser la organización en la que trabajas, la comunidad en don de vives o las relaciones que mantienes en tu vida.

Uno de los ejemplos reales de cómo ha servido este cuento en la vida real es el de Charlie Jones, el respetado locutor de la cadena NBC, quien confesó que escuchar el cuento ¿Quién se ha llevado mi Queso? salvó su carrera.

Lo que ocurrió fue lo siguiente: Charlie se había esforzado mucho y hecho un buen trabajo retransmitiendo las pruebas de atletismo de unos Juegos Olímpicos. Por eso, cuando su jefe le dijo que había sido apartado de esa actividad deportiva y que en los siguientes Juegos tendría que encargarse de las retransmisiones de natación y saltos, se quedó muy sorprendido y
se enfadó. Como no conocía tan bien esos deportes, se sintió frustrado. El hecho de que no le reconocieran que había realizado una buena labor lo irritaba. Le parecía injusto, y la ira empezó a afectar todo lo que hacía.

Entonces le contaron el cuento ¿Quién se ha llevado mi Queso?

Después de oírlo, se rió de sí mismo y cambió de actitud. Advirtió que lo único que había ocurrido era que su jefe (o su cliente, o el mercado) “le había movido el queso”, y se adaptó. Aprendió sobre esos dos nuevos deportes y, en el proceso, descubrió que hacer algo nuevo lo rejuvenecía.

Su jefe no tardó en reconocer su actitud y energía nuevas y en aumentar sus retribuciones. Disfrutó de más éxito que nunca y se hizo una excelente reputación como comentarista.

Como toda empresa que aspire no solo a sobrevivir, sino a ser competitiva, tu empresa debe estar cambiando constantemente. Nos mueven el “queso” sin parar. Mientras que en el pasado queríamos empleados leales, hoy necesitamos personas flexibles que no sean posesivas con “la manera de hacer las cosas aquí”.

Y como todos sabemos, vivir en una permanente catarata de cambios suele ser estresante, a menos que las personas que tengan una manera de ver el cambio que las ayude a comprenderlo. Y aquí es precisamente donde entra en acción el cuento del “queso”.

En cualquier caso, espero que cada vez que releas ¿Quién se ha llevado mi Queso? Encuentres algo nuevo y útil en el cuento, tal como me ocurrió a mí, y que esto te ayude a afrontar el cambio y a tener éxito, sea lo que sea el éxito para ti.

Con mis mejores deseos, espero que disfrutes con lo que encuentres. Ah, y recuerda: Muévete cuando se mueva el queso (Fragmento extraído de la página www.villadiego.com)


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