Adoro los sábados por la tarde. Antes, no. Cuando era joven, el sábado no significaba un buen día para mí, sobre todo porque no tenías un cuarto propio donde escabullirte a ver películas, a pintarte las uñas de los pies o a mandar mensajitos por el móvil. Te quedabas en el salón, viendo la primera cadena tumbada en el sofá; eso, si no te lo pillaban antes. Y que mamá no te descubriera, porque entonces ya la habías cagado, “Nena, ven y me ayudas a lavar los platos”. De manera que, lo mejor que podías hacer era acoplarte donde fuera con un libro y que, al menos, pareciera que aprovechabas el tiempo.
Pero una crece. Crece y se multiplica. Se multiplica y vuelve a la unidad, porque las unidades esparcidas a tu imagen y semejanza también crecen y desaparecen; aunque dejen su rastro en casa. Entonces, lo que se multiplica pasa a llamarse ropa sucia, calcetines sin pareja, bolsas de basura, pelos en el baño y facturas: la del móvil, la del club de tenis, la universidad… Y una, que ya no está para bregar con la jauría, procura solventarlo sin más; total, si eso de que podíamos cambiar el mundo ya sabemos que fueron utopías juveniles que se desvanecieron al primer intento. De manera que, a estas alturas, lo mejor que podemos hacer, visto lo visto, es llevar una vida tranquila, de patinaje; que fluya sobre lo compacto y helado, que se nos mueva el flequillo sin despeinarnos; y nada de piruetas extrañas, que los culetazos, a cierta edad, ya pasan factura.
Eso sí, todavía nos quedarán los sábados. Y nada de limpiezas a fondo, que las casas ya no tienen fondo. Eso era antes, cuando los pisos eran viejos y enormes. Ahora, no. Es más, sacas la aspiradora y desde el mismo enchufe llegas con el mango a todas partes.
En fin, es sábado, soy mayor y me he quedado sola en casa (qué deleite…). Lo primero fue abrir una botellita de cava para acompañar el almuerzo. Madito chupinazo. Además de que me emborrachó las berenjenas gratinadas, me he pasado media tarde limpiando debajo de los muebles de la cocina, porque, oye, un cava sin fuerza es como una película sin anuncios. Y como tengo la mala costumbre de iniciar un escrito, dejarlo a la mitad, volver, seguir…, y terminarlo cuando encarte, pues aquí me viene la frase: “Cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos”. Ni los mismos, ni parecidos, que lo que pintaba un escrito de encaje y deleite sobre los sábados con encanto, se me ha vuelto un agujero de narices. Y, ahora, voy a tener que subir línea a línea y rectificar eso de que adoro los sábados. Vaya mierda de tarde que llevo recogiendo burbujas de cava por todas partes. Todavía me queda saber qué haré con el tapón, igual se lo estampo en un ojo a tío del local de abajo, que no deja de dar martillazos (mira que han reformado veces el negocio; y aprovechan los sábados, no te jode…). Mejor me voy a poner una lavadora y que salga el sol por Antequera o que se vaya al cuerno, porque menudo calor que hace…
¿Quién dijo sábados con encanto?...
jajajajaja... !como te entiendo Mercedes!, a mí -así a priori- también me gustan los sábados con encanto (no me quedo sola, pero hasta la media mañana, como si lo estuviera porque la pareja se las pira con la bici y mis hijas, cual marmotas, se despiertan pasadas las once)... y es un placer el prepararse el cafelito, la tostada, coger el periódico, y desayunar despacito completamente a tu amor...
ResponderSuprimircuando vuelve el ciclista, las adolescentes se despiertan y se levantan, ponen la música, y todo se revoluciona en casa: se acabó el sábado delicioso, bonjour ajetreo, teléfono a tuti plen, discusiones por la pinza roja del pelo, por la ropa, por los krispies... !ay que jartura!, y si a ésto le tuviera que añadir una botellita de cava derramá con lo que a mí me gusta el cava, apaga y vámonos, ni que dejes y retomes el escrito, ni ná, es que eso de perder un cava al son de los martillazos del vecino de abajo, es demasiao, absolutamente demasiao.
Mil besitos gordotes
jajajajajaa Eres la mejor, Merce.
ResponderSuprimirCon niños y todo; pero hasta que no he terminado el relato de tu sábado con encanto no he parado. Reír de al inicio de la jornada (hace una hora que empecé), es lo más sano de este mundo!!
Besos solidarios.
Los sábados para mi tampoco son algo muy especial que digamos porque a veces trabajo pero esta semana creo que va a ser un sábado diferente porque me han dado vacaciones!! Finalmente me reserve hoteles en cancún y voy a intentar divertirme por 1 semana.
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